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Mejora los indicadores clave de tu colegio a través del Big Data

Líderes
2 Junio 2022

Los datos por sí solos no son nada, pero esos mismos datos analizados a fondo se convierten en un tesoro en forma de información fiable que, en el ámbito educativo, puede marcar la diferencia


Cuando hablamos del Big Data nos referimos a un conjunto de tecnologías y prácticas que hacen posible el almacenamiento, tratamiento y análisis de grandes volúmenes de datos que serían imposibles de procesar mediante herramientas estadísticas tradicionales o bases de datos relacionados. La recogida de datos masivos no otorga ninguna ventaja en sí misma; es el análisis de dicha información lo que permite mejorar la toma de decisiones para obtener beneficios aplicables al mundo real.


El almacenamiento y procesado de macrodatos se ha convertido en algo fundamental en numerosos sectores y son muchos los expertos que auguran que el Big Data supondrá una auténtica revolución en el ámbito educativo.


Así, el Big Data en el ámbito educativo se puede definir como el uso de herramientas de análisis de macrodatos con el objetivo de obtener la información necesaria para mejorar los procesos educativos, fomentando el aprendizaje-enseñanza de alumnos y docentes, y mejorando los modelos educativos. Los usos del Big Data en educación son muy variados y se centran principalmente en el aprendizaje adaptativo, es decir, estudiar el entorno, rendimiento, motivaciones o necesidades de cada alumno para ofrecerle una formación especializada. Por tanto, una de las principales aplicaciones es diseñar planes de estudios personalizados. Gracias a la tecnología se pueden crear itinerarios personalizados que contribuyan a ofrecer una formación adaptada a cada estudiante y a aumentar su motivación. El uso del Big Data en colegios también contribuye a predecir el desempeño futuro de los alumnos e, incluso, a detectar con antelación posibles casos de abandono. Otra de las aplicaciones del Big Data en el sector educativo es adaptar las clases al nivel de cada alumno, de forma que tanto los estudiantes más brillantes como aquellos que tienen más problemas puedan avanzar con base en sus necesidades. Esto es posible gracias a la optimización de los recursos educativos, diseñando contenidos y herramientas formativas más eficaces.


Asimismo, gracias a esta tecnología es posible analizar el uso que los estudiantes hacen de la plataforma de trabajo y los recursos educativos que se han puesto a disposición, ¿Los estudiantes hacen un correcto uso de estas herramientas? ¿Se ven mejoras palpables en el rendimiento de los alumnos?


Educación personalizada


Y es que, como dice el profesor Juliá Minguillón, “los datos aportan a los docentes mucha información sobre sus alumnos”. Mediante su análisis, un profesor podría descubrir si su alumno progresa adecuadamente o no, por qué no lo hace y, lo más importante, poner una solución en tiempo real. Todo ello, según él, “nos permite caminar hacia una personalización del proceso de aprendizaje”. Otras de las funciones básicas de las herramientas Big Data en educación es ofrecer a los docentes un feedback en tiempo real, de forma que se puedan tomar decisiones en el momento correcto e, incluso, adelantarse a las posibles necesidades de los alumnos.


“Está muy bien poder reaccionar al instante, no solo cuando ha terminado el curso, y dar a cada cual lo que necesita, pero para poderlo hacer necesitamos unos indicadores adecuados que nos permitan tomar el pulso al aula y tomar decisiones”, expresa la profesora Teresa Sancho.


Aunque aún está dando sus primeros pasos, cada vez más colegios se animan a poner en marcha proyectos de Big Data con el fin de mejorar la educación de los estudiantes. El grupo escolar cuenta para ello con aplicaciones que controlan la asistencia de los alumnos y computadoras y otras herramientas tecnológicas que registran permanentemente su actividad académica. Además disponen de cámaras de video para grabar lo que sucede en las aulas desde múltiples ángulos, con el fin de capturar las expresiones faciales de los niños, registrar su forma de hablar, el vocabulario, qué cosas les llaman más la atención, etc. El análisis de toda esta información proporciona una comprensión integral de cada alumno basada en sus patrones de conducta, estados de ánimo, rendimiento, que permite darle a cada uno la educación que necesita atendiendo a sus necesidades y diferencias.


Y aunque la idea de poner cámaras en las aulas y analizar el comportamiento de los niños genera debate y controversia, todavía no resuelto, para los expertos, la aplicación del Big Data es el futuro de la educación y se traduce fundamentalmente en tres grandes posibilidades: la implementación de una educación personalizada del conocimiento exhaustivo de cada niño,  la obtención de feedback en tiempo real y poder actuar en consecuencia, y por último, la oportunidad de compartir el conocimiento.


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